Cuando hablamos de envejecimiento solemos pensar en aquello que podemos ver: la piel, la masa muscular, el cabello o la movilidad. Sin embargo, una parte importante del envejecimiento ocurre donde no podemos observarla directamente: en nuestros vasos sanguíneos.
Las arterias también envejecen
Con el paso de los años tienden a volverse más rígidas y pueden perder parte de su capacidad para dilatarse y adaptarse a las necesidades del organismo. Detrás de estos cambios intervienen numerosos procesos biológicos, pero uno ha despertado especial interés científico: la progresiva reducción de la biodisponibilidad del óxido nítrico (NO).
Esta pequeña molécula participa en la regulación del tono vascular, el flujo sanguíneo y la función endotelial. Entender qué ocurre con ella permite comprender mejor algunos de los mecanismos del envejecimiento vascular.
¿Qué es el óxido nítrico y qué función tiene en los vasos sanguíneos?
El interior de nuestros vasos sanguíneos está recubierto por una fina capa de células denominada endotelio.
Lejos de ser un simple revestimiento, el endotelio es un tejido metabólicamente activo que interviene en la regulación del tono vascular, la inflamación, la coagulación y otros procesos relacionados con la salud cardiovascular.
Una de las moléculas que produce es el óxido nítrico. En el endotelio, el NO se genera principalmente mediante una enzima denominada óxido nítrico sintasa endotelial (eNOS). Una vez producido, actúa sobre el músculo liso de la pared vascular favoreciendo su relajación y, con ella, la vasodilatación.
Gracias a este y otros mecanismos, los vasos pueden modificar su diámetro y adaptar el flujo sanguíneo a las necesidades de cada tejido.
¿Qué ocurre con el óxido nítrico a medida que envejecemos?
El envejecimiento vascular no responde a una única causa. Es el resultado de diferentes procesos que se desarrollan simultáneamente.
Con la edad pueden aumentar el estrés oxidativo y la inflamación crónica de bajo grado, producirse cambios estructurales en la pared arterial y alterarse la actividad de eNOS.
Uno de los resultados puede ser una menor biodisponibilidad de óxido nítrico.
No se trata únicamente de cuánto NO produce el organismo. Las especies reactivas de oxígeno pueden reaccionar con esta molécula y reducir la cantidad disponible para ejercer correctamente su función.
Esto puede contribuir a un círculo progresivo:
menor disponibilidad de NO → menor capacidad de vasodilatación → deterioro de la función endotelial → mayor estrés oxidativo → menor disponibilidad de NO.
Disfunción endotelial: cuando los vasos responden peor
Cuando el endotelio pierde parte de su capacidad para regular adecuadamente el tono vascular hablamos de disfunción endotelial.
Una de las técnicas utilizadas en investigación para estudiarla es la dilatación mediada por flujo (FMD). Esta prueba permite analizar cuánto se dilata una arteria, habitualmente la braquial, ante un incremento del flujo sanguíneo.
Una menor respuesta puede indicar un deterioro de la función endotelial.
La edad influye en este proceso, pero no es el único factor. La hipertensión, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, la diabetes y diferentes alteraciones metabólicas también se asocian con una peor función endotelial.
Por eso, dos personas con la misma edad cronológica pueden presentar una salud vascular muy diferente.
Óxido nítrico, rigidez arterial y presión arterial
El envejecimiento también modifica la estructura de las arterias.
La elastina, que contribuye a su flexibilidad, puede deteriorarse, mientras se producen cambios en el colágeno y otros componentes de la pared arterial. El resultado es una arteria progresivamente más rígida y con menor capacidad para amortiguar la onda de presión generada por cada latido.
Esto ayuda a comprender la relación entre envejecimiento vascular y presión arterial.
La presión arterial depende de numerosos mecanismos cardíacos, renales, nerviosos y vasculares. Por tanto, sería incorrecto atribuir sus cambios únicamente al óxido nítrico.
Sin embargo, el NO participa en la regulación del tono vascular y, por tanto, de la resistencia que ofrecen los vasos al paso de la sangre.
La combinación de mayor rigidez arterial y menor capacidad vasodilatadora forma parte de los cambios vasculares que pueden acompañar al envejecimiento y contribuir al aumento de la presión sistólica observado con frecuencia con la edad.
¿Cómo influye el óxido nítrico en la circulación sanguínea?
Decir que una sustancia “mejora la circulación” puede resultar demasiado impreciso desde el punto de vista científico.
El flujo sanguíneo cambia continuamente dependiendo de las necesidades de cada tejido. Durante el ejercicio, por ejemplo, los músculos activos necesitan recibir más oxígeno y nutrientes, por lo que los vasos deben adaptar su diámetro para aumentar el aporte sanguíneo.
El óxido nítrico participa en esta respuesta vasodilatadora.
Por eso resulta más preciso hablar de función vascular: la capacidad de los vasos sanguíneos para responder a diferentes estímulos y adaptar el flujo a las necesidades del organismo.
¿Podemos influir en el envejecimiento vascular?
El envejecimiento vascular es progresivo, pero su velocidad no depende exclusivamente de los años.
La actividad física regular se ha relacionado con una mejor función endotelial. Evitar el tabaco, mantener una adecuada salud metabólica y controlar factores como la presión arterial son también pilares fundamentales de la salud cardiovascular.
Esto explica el creciente interés por el concepto de edad vascular: nuestra edad cronológica no determina por sí sola el estado funcional de nuestras arterias.
El óxido nítrico dura apenas unos segundos en el organismo. Sin embargo, participa continuamente en uno de los procesos fundamentales del sistema cardiovascular: la capacidad de nuestros vasos para responder y adaptarse.
Comprender cómo cambia esta vía con los años nos ayuda también a entender una idea fundamental en longevidad saludable: no todas nuestras arterias envejecen al mismo ritmo.
Referencias científicas
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